viernes, 15 de noviembre de 2013

El Aleph

Creo que este libro de cuentos es una de las cosas más geniales que pueden hacerse con palabras. Cómo se dice de los textos sagrados: No se puede sacar ni poner un símbolo, una coma. Todo lo que está, tiene un sentido, y no hay una puta frase que desentone.

Genialidad en estado puro.

Si uno piensa que el tipo escribía en una época donde Google no existía, y uno tenía que ir a la biblioteca para encontrar las obras, o los autores que él cita, se da cuenta al toque que era un gran escritor, pero un tanto pedante... Ayyy mirá todos los libros que leí, soy más inteligente que vos, y vos sos un tonto que no sabes de qué estoy hablando. Pero como hoy basta con poner en Google "Libros de X autor" o lo que sea, y la información está ahí, podemos creernos inteligentes leyéndolo.

Si quieren saber que cuentos lo componen, o en que año se editó, y esas giladas, están en el lugar equivocado. Lo que les puedo decir es que nunca, con ninguna obra, sentí que me metían el dedo en la llaga como con el principio del cuento que le da nombre al libro:

"La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita."

Caso cerrado, tienen que leerlo.

Magnet

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