martes, 3 de diciembre de 2013

El Diario del Regreso

Si bien el título del libro es más que sólo esas palabras algo me obligó a tipearlo así.

Este maravilloso libro de Edgardo Esteban, un excombatiente de las Guerra de Malvinas, me generó muchísimas cosas antes, durante y después de haberlo leído. Maravilloso. Qué limitado que es el lenguaje a veces. Porque sí, el libro está muy bien escrito, está muy objetiva y, a la vez, subjetivamente contado. Pero algo “maravilloso” no debería encerrar tanto dolor. Aunque, si me apurás, lo “maravilloso” de este libro es justamente eso: la increíble capacidad del autor no de generar dolor sino de reproducirlo. Y no es sólo porque la historia de Malvinas me toque relativamente de cerca. En cada hoja, podía sentir el viento frío de las islas en invierno golpeando a un colimba estacado por buscar comida. Podía sentir las piernas de los pibes temblando en los pozos de zorros mientras se escuchaban explosiones y tiros afuera. Podía sentirlo tan sólo con leerlo, y eso es lo maravilloso de un libro y de cualquier buen relato.

El Diario del Regreso.

Creo que una de las grandes virtudes de este libro es el pararnos frente a lo que fue, a eso que no podemos cambiar. Eso que no te deja dormir. Todos tenemos al menos un regreso pendiente. Todos tenemos algo que empujamos, apretamos, golpeamos para dejarlo atrás y aun así no nos suelta. Volver es imposible, pero necesario. Ciertamente no podemos volver el tiempo atrás para cambiar o borrar eso que nos atormenta. Entonces, ¿qué podemos hacer? Para Edgardo Esteban la única salida fue volver. Volver a caminar esas calles, volver a visitar esos pozos de zorro, volver a pisar ese suelo que siempre fue nuestro pero que nunca dejó de ser inglés. Y si puedo ser lo suficientemente egoísta como para tomar la historia de este soldado y hacerla mía, entonces así será. Y así fue. Porque no nos queda otra que amigarnos con nuestros fantasmas. Hay que volver para mirar con otros ojos lo que fue para poder convivir con eso. Porque uno jamás olvida lo que lo golpea sino que aprende a vivir con el golpe y se amiga con la cicatriz que quedó.

Cuando me pidieron que escriba esta entrada pensé en hacer una reseña del libro. Pero después entendí que este viaje que hizo Edgardo Esteban fue único para él así como también lo fue para mí cuando lo leí. Así que es por esa misma razón que no quise contarles demasiado de la historia porque es un regreso para hacer con uno mismo.

Porque todos tenemos un regreso pendiente.



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Escribió para este humilde blog: 

viernes, 15 de noviembre de 2013

El Aleph

Creo que este libro de cuentos es una de las cosas más geniales que pueden hacerse con palabras. Cómo se dice de los textos sagrados: No se puede sacar ni poner un símbolo, una coma. Todo lo que está, tiene un sentido, y no hay una puta frase que desentone.

Genialidad en estado puro.

Si uno piensa que el tipo escribía en una época donde Google no existía, y uno tenía que ir a la biblioteca para encontrar las obras, o los autores que él cita, se da cuenta al toque que era un gran escritor, pero un tanto pedante... Ayyy mirá todos los libros que leí, soy más inteligente que vos, y vos sos un tonto que no sabes de qué estoy hablando. Pero como hoy basta con poner en Google "Libros de X autor" o lo que sea, y la información está ahí, podemos creernos inteligentes leyéndolo.

Si quieren saber que cuentos lo componen, o en que año se editó, y esas giladas, están en el lugar equivocado. Lo que les puedo decir es que nunca, con ninguna obra, sentí que me metían el dedo en la llaga como con el principio del cuento que le da nombre al libro:

"La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita."

Caso cerrado, tienen que leerlo.

Magnet

Claudio El Dios y su esposa Mesalina

Las segundas partes pueden ser buenas.

En la entrada anterior, acá, comenté "Yo, Claudio", el cual termina cuando Claudio es proclamado emperador por la guardia de Germanos. Este segundo libro, también un supuesto libro escrito directamente por Claudio, arranca en el mismo instante: Claudio siendo llevado en hombros, proclamado emperador. 

A lo largo de todo el libro, Claudio va contando actos de gobierno, reformas que aplicó para normalizar las cuentas del estado, (habían quedado mal después del despilfarro de Calígula), y como retoma obras de otros emperadores para hacer que el pueblo viva mejor.  

Lo que más me gustó de este segundo libro es que se cuenta mucho de la relación de Claudio con Herodes Agripa (Nieto de Herodes el Grande, el que mandó a matar a todos los nenes de Galilea menores a dos años, en la "Matanza de los inocentes"). Este Herodes Agripa es el Herodes de la biblia. Se habla también de como llegan a Roma unos judíos medio raros, que hablan de cambios dentro de las leyes judías, y siguen a un tipo, un tal Jesús.

Va contando también como su esposa, Mesalina, mucho más joven que él, lo caga con cuanto tipo se le cruce, y lo engaña para que parezca que él sabe de todas estas infidelidades, y que las alienta. Como en el primer libro, mucho de páginas y páginas de cosas aburridas,  enumeraciones que yo, en lo personal, no disfruto. Pero en lineas generales un buen libro. 

Este lo bajé de http://www.epublibre.org

jueves, 14 de noviembre de 2013

Yo, Claudio

Escribir una novela histórica sobre el inicio del imperio romano no debe ser fácil. Pero Graves lo resuelve bastante bien: Agarra el tipo que, por su historia y por el momento que le tocó vivir, es ideal para entender los cambios de cabeza de los romanos en esa época. Como siempre, mucho rigor histórico, en un supuesto libro que escribe Claudio, para ser leído por la posteridad.

¿Qué Claudio?

Claclaclaudio, el idiota, el tartamudo. Tal vez el peor caso de bullying de la historia. Lo forreaba la abuela, lo forreaba el emperador, lo ninguneaban. Pero el pibe no era boludo, o no era tan boludo, o... bueno, el tema es que en este libro, Graves cuenta la historia de gran parte del imperio romano de boca de este personaje, nieto de Augusto, el primer emperador, sobrino de Tiberio, segundo emperador. Tío de Calígula, el tercer emperador.

Arranca contando de su nacimiento, de la familia, cuenta de su abuela Livia. Cuenta cómo y por qué se vuelve Republicano, y de su mayor deseo: El restablecimiento de la república. Ironías de la historia, este libro termina el día en que muere Calígula, y Claudio, el idiota, es proclamado emperador.

Como punto en contra, de a ratos, Graves se mete en capítulos  enteros de casamientos entre gente, o cómo tal comandante consiguió o no un triunfo por ganar tal o cual combate, y otro no. Eso se puede volver un poco pesado  para los que están enganchados con el libro como novela. Esos capítulos se pueden leer por arriba si a uno no le importa esto, y detenerse si encuentra una historia divertida en el medio (Si, no salteen los capítulos porque Graves usa eso, y en el medio de un capítulo pesadilla mete una anécdota buena).

Ni en pedo está entre mis favoritos, pero lo leí hace poco, y es un libro muy prestable, pero con cuidado de a quién, tiene que ser gente que se sienta atraída por la historia.

Magnet

lunes, 11 de noviembre de 2013

Fundación (Trilogía)

Uno no debería leer un libro porque sea "Aclamado por la crítica especializada". Uno no debería dejar de leer a un autor porque no haya recibido distinciones. Por eso, arrancar diciendo que la trilogía de "La Fundación" ganó el premio Hugo a "Mejor obra de ciencia ficción de todos los tiempos" es hacerle poca justicia.

Un poco más justo sería decir que Isaac Asimov es uno de los tipos más lúcidos, con una cantidad de libros escritos enorme. Escribió sobre divulgación científica, química, historia antigua, moderna, y obviamente ciencia ficción. Alguna vez leí en algún lado que el tipo se sentaba a escribir y listo. Todo lo demás, los personajes, la estructura, lo tenía en la cabeza. Tal vez por esto es que nunca sorprende en ese aspecto, y muchas de sus obras son similares: Mediante diálogos casuales entre personajes revela el marco de época del universo en el que están parados. Ninguna sorpresa por ese lado, esta trilogía sigue ese rumbo.

Lo groso, lo realmente groso de Asimov a mi gusto es eso. Uno ya le conoce la estructura, es como un abuelo que cuenta las historias siempre igual, al mismo ritmo, pero es tan interesante lo que cuenta, que uno sigue pasando página tras página.

Y yendo a la obra, Asimov situa esta historia en un futuro en el cual el hombre colonizó toda la galaxia. Billones de personas, ocupando muchos planetas. Y así como en una época los hombres se desparramaron por la tierra, y perdieron contacto unos con otros, así estaban por el espacio. En ese contexto, un tipo piensa que así como puede calcularse el comportamiento de un gas, aunque no se pueda decir que hace cada átomo, si hay suficiente número de personas, se puede decir como se va a comportar la raza humana como un todo.

Genial, determinismo social. El tipo que "descubre" eso aplica sus conocimientos y le sale que se va a ir todo al choto. Les acabo de contar sólo la primer página, el tipo desarrolla esa historia, de qué hacer para influir en esa especie de "profecía" y cuenta cientos de años de historia planetaria. Si, dicho así es un bajón, pero juro que está bueno.

Después, Isaac la limó y treinta años después se mandó unos quince, o veinte libros más de ese universo, con precuelas, secuelas, relatos marginales, y cosas. Pero bueno, eso no es parte de esta entrada, que es la Trilogía original.

viernes, 8 de noviembre de 2013

El libro de los abrazos

Muchas veces me pasó, por uno u otro motivo, que no pude estar al lado de un amigo cuando necesitaba dar, o recibir, un abrazo. Entonces, agarraba un teléfono, lo llamaba y le daba un abrazo de palabras. Le contaba un cuento. Abrazos a la distancia, llevados por palabras. Algo así escribí hace un tiempo acá.  

Y este libro se llama justamente así, "El libro de los abrazos". Uno puede abrirlo en cualquier página y se va a encontrar con una historia cortita en palabras, pero llena de significados. 

Voy a poner un ejemplo muy especial, fue una historia que, recortada de una agenda que tenía textos de Galeano, le regalé a una gran amiga mía, Luz, regalo que siempre recordó: 

El mundo
Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta contó. Dijo que había contemplado desde arriba, la vida humana.
Y dijo que somos un mar de fueguitos.
-El mundo es eso -reveló- un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.
No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende.

Historias, por suerte muy largas para un sobre de azúcar, pero lo suficientemente chicas para que las llevemos en la punta de la lengua.

Historias sobre llaves, sobre amistad, sobre el arte, sobre el hambre, el dolor, la desesperanza, Dios, la muerte, los juegos, la inocencia, el amor. Muchas historias, muchos abrazos. Un libro para leer, para despedazar, para recordar.

Un libro que siempre ocupó un lugar privilegiado en mi biblioteca.

Magnet

El Principito

Uno de los libros que más veces leí, de manera completa, y por partes, es "El Principito", de Antoine de Saint-Exupéry. Y cada vez que lo hice, encontré cosas nuevas, por eso de que uno no se baña dos veces en el mismo libro.

Para mí, que me gusta contar historias en lugar de dar consejos, este libro es una navaja suiza. No importa que situación de tu vida estés encarando, estoy seguro que hay un capítulo que alude a ella. Especialmente recomendado si estamos atravesando épocas de cambios, o tenemos que charlar con alguien que lo esté haciendo.

Un párrafo especial se lo tengo que dedicar al capítulo 21, que es el capítulo en el que El Principito conoce al Zorro. Lamentablemente, también es el capítulo que tiene la única frase que todos recuerdan de ese libro: "Lo esencial es invisible a los ojos" pero bueno, la frase en sí no es mala, solo que la gastaron demasiado.

Se lee en un rato, se recuerda para siempre, y es uno de los que tienen que estar en la biblioteca. Si nunca lo leyeron, se están perdiendo de mucho, si lo leyeron, no está de más releerlo, y si no quieren releerlo, no me importa...

Pero dibújenme un cordero.

Lo pueden descargar de acá:

Magnet