viernes, 15 de noviembre de 2013

El Aleph

Creo que este libro de cuentos es una de las cosas más geniales que pueden hacerse con palabras. Cómo se dice de los textos sagrados: No se puede sacar ni poner un símbolo, una coma. Todo lo que está, tiene un sentido, y no hay una puta frase que desentone.

Genialidad en estado puro.

Si uno piensa que el tipo escribía en una época donde Google no existía, y uno tenía que ir a la biblioteca para encontrar las obras, o los autores que él cita, se da cuenta al toque que era un gran escritor, pero un tanto pedante... Ayyy mirá todos los libros que leí, soy más inteligente que vos, y vos sos un tonto que no sabes de qué estoy hablando. Pero como hoy basta con poner en Google "Libros de X autor" o lo que sea, y la información está ahí, podemos creernos inteligentes leyéndolo.

Si quieren saber que cuentos lo componen, o en que año se editó, y esas giladas, están en el lugar equivocado. Lo que les puedo decir es que nunca, con ninguna obra, sentí que me metían el dedo en la llaga como con el principio del cuento que le da nombre al libro:

"La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita."

Caso cerrado, tienen que leerlo.

Magnet

Claudio El Dios y su esposa Mesalina

Las segundas partes pueden ser buenas.

En la entrada anterior, acá, comenté "Yo, Claudio", el cual termina cuando Claudio es proclamado emperador por la guardia de Germanos. Este segundo libro, también un supuesto libro escrito directamente por Claudio, arranca en el mismo instante: Claudio siendo llevado en hombros, proclamado emperador. 

A lo largo de todo el libro, Claudio va contando actos de gobierno, reformas que aplicó para normalizar las cuentas del estado, (habían quedado mal después del despilfarro de Calígula), y como retoma obras de otros emperadores para hacer que el pueblo viva mejor.  

Lo que más me gustó de este segundo libro es que se cuenta mucho de la relación de Claudio con Herodes Agripa (Nieto de Herodes el Grande, el que mandó a matar a todos los nenes de Galilea menores a dos años, en la "Matanza de los inocentes"). Este Herodes Agripa es el Herodes de la biblia. Se habla también de como llegan a Roma unos judíos medio raros, que hablan de cambios dentro de las leyes judías, y siguen a un tipo, un tal Jesús.

Va contando también como su esposa, Mesalina, mucho más joven que él, lo caga con cuanto tipo se le cruce, y lo engaña para que parezca que él sabe de todas estas infidelidades, y que las alienta. Como en el primer libro, mucho de páginas y páginas de cosas aburridas,  enumeraciones que yo, en lo personal, no disfruto. Pero en lineas generales un buen libro. 

Este lo bajé de http://www.epublibre.org

jueves, 14 de noviembre de 2013

Yo, Claudio

Escribir una novela histórica sobre el inicio del imperio romano no debe ser fácil. Pero Graves lo resuelve bastante bien: Agarra el tipo que, por su historia y por el momento que le tocó vivir, es ideal para entender los cambios de cabeza de los romanos en esa época. Como siempre, mucho rigor histórico, en un supuesto libro que escribe Claudio, para ser leído por la posteridad.

¿Qué Claudio?

Claclaclaudio, el idiota, el tartamudo. Tal vez el peor caso de bullying de la historia. Lo forreaba la abuela, lo forreaba el emperador, lo ninguneaban. Pero el pibe no era boludo, o no era tan boludo, o... bueno, el tema es que en este libro, Graves cuenta la historia de gran parte del imperio romano de boca de este personaje, nieto de Augusto, el primer emperador, sobrino de Tiberio, segundo emperador. Tío de Calígula, el tercer emperador.

Arranca contando de su nacimiento, de la familia, cuenta de su abuela Livia. Cuenta cómo y por qué se vuelve Republicano, y de su mayor deseo: El restablecimiento de la república. Ironías de la historia, este libro termina el día en que muere Calígula, y Claudio, el idiota, es proclamado emperador.

Como punto en contra, de a ratos, Graves se mete en capítulos  enteros de casamientos entre gente, o cómo tal comandante consiguió o no un triunfo por ganar tal o cual combate, y otro no. Eso se puede volver un poco pesado  para los que están enganchados con el libro como novela. Esos capítulos se pueden leer por arriba si a uno no le importa esto, y detenerse si encuentra una historia divertida en el medio (Si, no salteen los capítulos porque Graves usa eso, y en el medio de un capítulo pesadilla mete una anécdota buena).

Ni en pedo está entre mis favoritos, pero lo leí hace poco, y es un libro muy prestable, pero con cuidado de a quién, tiene que ser gente que se sienta atraída por la historia.

Magnet

lunes, 11 de noviembre de 2013

Fundación (Trilogía)

Uno no debería leer un libro porque sea "Aclamado por la crítica especializada". Uno no debería dejar de leer a un autor porque no haya recibido distinciones. Por eso, arrancar diciendo que la trilogía de "La Fundación" ganó el premio Hugo a "Mejor obra de ciencia ficción de todos los tiempos" es hacerle poca justicia.

Un poco más justo sería decir que Isaac Asimov es uno de los tipos más lúcidos, con una cantidad de libros escritos enorme. Escribió sobre divulgación científica, química, historia antigua, moderna, y obviamente ciencia ficción. Alguna vez leí en algún lado que el tipo se sentaba a escribir y listo. Todo lo demás, los personajes, la estructura, lo tenía en la cabeza. Tal vez por esto es que nunca sorprende en ese aspecto, y muchas de sus obras son similares: Mediante diálogos casuales entre personajes revela el marco de época del universo en el que están parados. Ninguna sorpresa por ese lado, esta trilogía sigue ese rumbo.

Lo groso, lo realmente groso de Asimov a mi gusto es eso. Uno ya le conoce la estructura, es como un abuelo que cuenta las historias siempre igual, al mismo ritmo, pero es tan interesante lo que cuenta, que uno sigue pasando página tras página.

Y yendo a la obra, Asimov situa esta historia en un futuro en el cual el hombre colonizó toda la galaxia. Billones de personas, ocupando muchos planetas. Y así como en una época los hombres se desparramaron por la tierra, y perdieron contacto unos con otros, así estaban por el espacio. En ese contexto, un tipo piensa que así como puede calcularse el comportamiento de un gas, aunque no se pueda decir que hace cada átomo, si hay suficiente número de personas, se puede decir como se va a comportar la raza humana como un todo.

Genial, determinismo social. El tipo que "descubre" eso aplica sus conocimientos y le sale que se va a ir todo al choto. Les acabo de contar sólo la primer página, el tipo desarrolla esa historia, de qué hacer para influir en esa especie de "profecía" y cuenta cientos de años de historia planetaria. Si, dicho así es un bajón, pero juro que está bueno.

Después, Isaac la limó y treinta años después se mandó unos quince, o veinte libros más de ese universo, con precuelas, secuelas, relatos marginales, y cosas. Pero bueno, eso no es parte de esta entrada, que es la Trilogía original.

viernes, 8 de noviembre de 2013

El libro de los abrazos

Muchas veces me pasó, por uno u otro motivo, que no pude estar al lado de un amigo cuando necesitaba dar, o recibir, un abrazo. Entonces, agarraba un teléfono, lo llamaba y le daba un abrazo de palabras. Le contaba un cuento. Abrazos a la distancia, llevados por palabras. Algo así escribí hace un tiempo acá.  

Y este libro se llama justamente así, "El libro de los abrazos". Uno puede abrirlo en cualquier página y se va a encontrar con una historia cortita en palabras, pero llena de significados. 

Voy a poner un ejemplo muy especial, fue una historia que, recortada de una agenda que tenía textos de Galeano, le regalé a una gran amiga mía, Luz, regalo que siempre recordó: 

El mundo
Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta contó. Dijo que había contemplado desde arriba, la vida humana.
Y dijo que somos un mar de fueguitos.
-El mundo es eso -reveló- un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.
No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende.

Historias, por suerte muy largas para un sobre de azúcar, pero lo suficientemente chicas para que las llevemos en la punta de la lengua.

Historias sobre llaves, sobre amistad, sobre el arte, sobre el hambre, el dolor, la desesperanza, Dios, la muerte, los juegos, la inocencia, el amor. Muchas historias, muchos abrazos. Un libro para leer, para despedazar, para recordar.

Un libro que siempre ocupó un lugar privilegiado en mi biblioteca.

Magnet

El Principito

Uno de los libros que más veces leí, de manera completa, y por partes, es "El Principito", de Antoine de Saint-Exupéry. Y cada vez que lo hice, encontré cosas nuevas, por eso de que uno no se baña dos veces en el mismo libro.

Para mí, que me gusta contar historias en lugar de dar consejos, este libro es una navaja suiza. No importa que situación de tu vida estés encarando, estoy seguro que hay un capítulo que alude a ella. Especialmente recomendado si estamos atravesando épocas de cambios, o tenemos que charlar con alguien que lo esté haciendo.

Un párrafo especial se lo tengo que dedicar al capítulo 21, que es el capítulo en el que El Principito conoce al Zorro. Lamentablemente, también es el capítulo que tiene la única frase que todos recuerdan de ese libro: "Lo esencial es invisible a los ojos" pero bueno, la frase en sí no es mala, solo que la gastaron demasiado.

Se lee en un rato, se recuerda para siempre, y es uno de los que tienen que estar en la biblioteca. Si nunca lo leyeron, se están perdiendo de mucho, si lo leyeron, no está de más releerlo, y si no quieren releerlo, no me importa...

Pero dibújenme un cordero.

Lo pueden descargar de acá:

Magnet

jueves, 7 de noviembre de 2013

Diccionario

Quiero empezar este nuevo blog, como complemento del que ya tengo acá. Porque leer y escribir son cosas muy parecidas. A veces me sorprendo en situaciones complicadas, recordando y haciendo mías palabras de otros autores. En alguna separación cité (y mucho) a Antoine de Saint-Exupéry, o entretuve a algún amigo deprimido contándole la historia de dos Ivanes, que se peleaban. Porque de tanto leer historias, uno va adivinando los bloques que se usaron para construirlas. 

Sobre todo al narrar historias nuevas, frescas, donde uno va inventando sobre la marcha, si necesita un personaje buenazo, le pide prestado a Tolkien un Hobbit, o uno particularmente cruel e inhumano a Stephen King. La descripción de una tierra fantástica, pero tenebrosa, a H. P. Lovecraft, o un firulete arrabalero de Arlt, o una compadrada erudita de Borges. La cotidianeidad elaborada de Cortazar, o la emoción desmedida de Galeano. 

Uno al contar cuentos, se sienta en el escritorio de todos los autores que leyó, que le gustaron, que repasó mil veces, y les desordena los papeles, los mezcla, los confunde, los hace algo nuevo. Podrían acusarme de robar más de lo que creo, y estarían acertando, pero también siendo injustos. Y no solamente porque como dijo uno más piola que yo "Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído", sino también porque uno al mezclar, al retorcer, al ejercer un olvido selectivo sobre lo leído termina realizando, aún sin querer, un acto creativo. 

Como el músico de jazz utiliza escalas muy bien conocidas al improvisar, uno toma personajes, lugares comunes, figuras retóricas, y se apoya en ellas para ganar tiempo, para pensar para donde corno va a ir ese personaje. Y así como las escalas están compuestas de notas (Si me dejan seguir con esta musical metáfora) las frases están compuestas de palabras. Y es ahí, en la palabra, donde justifico esta primer entrada del blog. 

Porque es la palabra la que a fin de cuentas nos dice quienes somos. 

Uno puede (podría) comunicarse perfectamente con unas cien palabras. Entonces, podría pensar uno ¿para qué aprender más? Y la respuesta es tan simple como terrible: Siendo que uno piensa en palabras (incluso ese cuestionamiento), cuantas más palabras sepa, más amplia va a ser su capacidad de pensamiento, más rico va a ser. Saber que algo muy pobre es paupérrimo, que arrodillarse con respeto y adoración es prosternarse, y que si uno quiere eludir sus obligaciones en pos de algo más satisfactorio en lo inmediato tiene que procrastinar, por nombrar tres palabras que uno tiene que conocer...

Aunque nunca las use. 

Hace poco escuché decir a Dolina, que una de las mayores pobrezas que tienen los pibes de la calle es la pobreza del idioma, es ni siquiera poder decir lo que sienten. En ese momento me pareció que el Negro se había olvidado lo que es pasar hambre, y que esa es la peor de las miserias, el hambre, pero después me acordé que en mis tiempos de católico (aunque lo que voy a decir es un tanto herético) creía que Jesús no era milagrero. Que era solamente un excelente orador. Así, cuando había poca comida, charlaba, y al escuchar las historias la gente se olvidaba por un rato del hambre, o creía que el agua era más rica, casi como vino. O si contaba historias de gente muerta, bueno, las volvía a la vida. Y ahí puedo darle parte de razón a Dolina, si yo hoy estoy vivo fue porque en mis peores momentos tuve una buena historia a mano, para hacerme dar ese siguiente paso, el más difícil, el paso que viene después de que uno sintió que no tiene adonde ir. 

Por eso, arranquemos esta biblioteca, charlada, como todo lo que yo hago, con un diccionario, que amablemente les robé a los chicos de EpubGratis